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lunes 12 de octubre, 2026.

Por: José Ignacio De Los Santos, para Pregón Digital.com

Hay capítulos de la historia dominicana que no pueden seguir siendo explicados únicamente desde una posición política.

La historia merece ser contada completa.

La llamada Banda Colorá constituye uno de esos episodios. Durante décadas se ha utilizado su existencia como una de las principales herramientas para construir una acusación permanente contra Joaquín Balaguer. Sin embargo, cuando se analiza el período histórico en su conjunto, aparecen preguntas que todavía merecen respuestas y hechos que no pueden ser separados del contexto de la Guerra Fría, la Revolución de Abril de 1965, la confrontación entre las grandes potencias y la lucha armada que protagonizaron diferentes sectores de la izquierda dominicana.

LA GUERRA FRÍA TAMBIÉN SE VIVIÓ EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

La República Dominicana de finales de los años sesenta y principios de los setenta no era el país que conocemos hoy.

Era un territorio marcado por la confrontación ideológica internacional.

Estados Unidos, la Unión Soviética, Cuba y China representaban intereses y modelos políticos enfrentados. Diferentes organizaciones revolucionarias dominicanas recibieron influencias ideológicas, entrenamiento y, según diversos testimonios y estudios, conexiones internacionales.

Mientras tanto, en barrios populares de Santo Domingo como Capotillo, Simón Bolívar, Las Cañitas y Gualey, la violencia política llegó a formar parte de la vida cotidiana.

La confrontación no era solamente entre el Gobierno y la izquierda.

También existían profundas divisiones dentro de las propias organizaciones revolucionarias.

Los grupos se enfrentaban entre sí, se perseguían, se acusaban mutuamente y, en ocasiones, llegaron a enfrentamientos armados.

Ese contexto es indispensable para comprender la historia.

No para justificar ningún crimen.

No para justificar ninguna persecución.

Sino para entender que aquella República Dominicana estaba viviendo una auténtica guerra política de baja intensidad, dentro de un mundo dividido entre dos grandes bloques.

EL SECUESTRO DE DONALD J. CROWLEY

El 24 de marzo de 1970 ocurrió uno de los acontecimientos que demostraron hasta dónde había llegado la confrontación.

El teniente coronel Donald J. Crowley, agregado aéreo de la Embajada de los Estados Unidos en República Dominicana, fue secuestrado por un comando vinculado a sectores de la izquierda. El objetivo estaba relacionado con la liberación de presos políticos. Documentos desclasificados del Departamento de Estado estadounidense confirman el secuestro y registran que el embajador Joseph J. S. Meloy presionó al presidente Balaguer para que aceptara las demandas de los secuestradores. (Historia del Estado⁠)

Este hecho demuestra algo fundamental:

Balaguer gobernaba en medio de una presión política, militar e internacional extraordinaria.

Y no estaba enfrentando simplemente una oposición electoral.

Estaba enfrentando organizaciones que, en determinados momentos, recurrieron a la lucha armada, al secuestro y a otras formas de confrontación revolucionaria.

¿DE DÓNDE SURGIÓ LA BANDA COLORÁ?

Aquí comienza una de las grandes controversias históricas.

La versión más difundida sostiene que la Banda Colorá fue un aparato parapolicial vinculado al régimen de Balaguer y que estuvo relacionado con estructuras policiales encabezadas por el general Enrique Pérez y Pérez.

Existen investigaciones y documentos periodísticos que sostienen esa tesis. Incluso una investigación publicada recientemente sobre el período 1970-1973 documenta la existencia de una estructura de choque integrada, entre otros, por jóvenes de barrios humildes y antiguos militantes de organizaciones de izquierda. (Acento⁠)

Pero también existen testimonios y versiones que sostienen que aquella organización fue alimentada por antiguos integrantes de los propios movimientos revolucionarios, muchos de ellos enfrentados entre sí después de las profundas divisiones que caracterizaron a la izquierda dominicana.

Por eso, reducir toda la historia a una frase —“Balaguer creó la Banda Colorá”— puede resultar políticamente útil, pero históricamente insuficiente.

La pregunta correcta debería ser:

¿Quiénes la organizaron, quiénes la financiaron, quiénes participaron, quiénes la dirigieron y cuál fue exactamente el grado de responsabilidad de cada estructura política, policial, militar y extranjera?

Esas preguntas todavía necesitan respuestas documentales definitivas.

Y la propia investigación histórica reciente reconoce que todavía existen aspectos poco conocidos sobre sus actores, estructura y posibles vínculos con poderes extranjeros. (Agencias ISBN⁠)

NADIE PUEDE JUSTIFICAR EL TERROR

Defender una valoración histórica de Joaquín Balaguer no significa justificar los crímenes cometidos durante sus gobiernos.

Todo asesinato político debe ser condenado.

Toda persecución debe ser condenada.

Toda desaparición debe ser condenada.

Toda violación de los derechos humanos debe ser condenada.

Pero exactamente con la misma firmeza deben condenarse los secuestros, los atentados, la violencia revolucionaria y las acciones armadas de quienes pretendieron imponer sus proyectos políticos por vías distintas a la democracia.

La historia no puede tener muertos de primera y muertos de segunda categoría.

Todos los dominicanos muertos por razones políticas fueron dominicanos.

BALAGUER NO PUEDE SER EXPLICADO SOLAMENTE POR LA REPRESIÓN

Aquí está el punto central de este análisis.

Joaquín Balaguer fue una figura extraordinariamente compleja.

Fue un hombre de poder, pero también un hombre de Estado.

Fue autoritario en determinados momentos, pero también tomó decisiones que contribuyeron a ampliar espacios institucionales y políticos.

Durante sus doce años se produjeron crecimiento económico, grandes inversiones públicas, infraestructura y reformas que transformaron físicamente buena parte del territorio nacional. La propia documentación histórica del Poder Judicial caracteriza el período simultáneamente por crecimiento económico, grandes transformaciones y una fuerte conflictividad política y represión. (Poder Judicial⁠)

Por eso, la evaluación histórica seria no puede convertir a Balaguer en un santo.

Pero tampoco puede convertirlo en el único responsable de todos los males de aquella época.

EL BALAGUER QUE MUCHOS NO QUIEREN RECORDAR

Hay otro Balaguer que también debe formar parte de la conversación nacional.

El Balaguer que impulsó la reforma agraria.

El Balaguer que construyó carreteras, viviendas, presas, acueductos, instalaciones deportivas y grandes obras de infraestructura.

El Balaguer que defendió una concepción nacional del Estado.

El Balaguer que convirtió la protección de los recursos naturales en una política de Estado y que hoy muchos reconocen como una de las figuras fundamentales en la formación de la conciencia ambiental dominicana.

Y también debe analizarse el Balaguer que, dentro de un contexto político extraordinariamente difícil, permitió la existencia legal de organizaciones políticas que anteriormente habían sido perseguidas o prohibidas.

El propio estudio histórico del Poder Judicial señala que durante los años setenta el régimen legalizó el Partido Comunista Dominicano, aun dentro de un escenario de fuerte represión política. (Poder Judicial⁠)

Eso no elimina las sombras de su gobierno.

Pero demuestra que su historia es mucho más compleja que la caricatura que algunos han construido.

LA GRANDEZA DE UN ESTADISTA SE MIDE TAMBIÉN POR LA ÉPOCA QUE LE TOCÓ VIVIR

Balaguer gobernó una República Dominicana marcada por la Revolución de Abril, la intervención militar estadounidense, la Guerra Fría, la lucha armada, los secuestros, la confrontación ideológica y una sociedad profundamente dividida.

Gobernar aquel país no era gobernar la República Dominicana de hoy.

Por eso, para juzgar históricamente a Balaguer hay que colocarlo en su tiempo.

No para absolverlo.

No para condenarlo anticipadamente.

Para comprenderlo.

Y esa comprensión permite descubrir algo que sus adversarios políticos, paradójicamente, terminaron reconociendo: la dimensión histórica de Joaquín Balaguer supera ampliamente las circunstancias electorales de su época.

¿PADRE DE LA DEMOCRACIA DOMINICANA?

Aquí podemos abrir el debate más provocador de este artículo:

¿Puede Joaquín Balaguer ser considerado, con todas sus contradicciones, uno de los padres de la democracia dominicana?

La pregunta puede resultar incómoda.

Pero precisamente por eso debe hacerse.

Porque la democracia dominicana no fue construida por un solo hombre ni por un solo partido.

Fue construida también a través de las contradicciones, las luchas, los errores, las reformas y las transformaciones de varias generaciones.

Balaguer forma parte inseparable de esa historia.

Y si realmente queremos construir una democracia madura, debemos aprender a estudiar a nuestros líderes completos: sus luces y sus sombras, sus aciertos y sus errores, sus grandezas y sus responsabilidades.

LA HISTORIA NO PUEDE SER UNA VENGANZA POLÍTICA

Ha llegado el momento de dejar de utilizar la historia como instrumento de venganza política.

La República Dominicana necesita una nueva generación capaz de estudiar a Balaguer sin odio y sin fanatismo.

Capaz de reconocer sus errores sin desconocer sus aportes.

Capaz de condenar la violencia sin importar de dónde proviniera.

Y, sobre todo, capaz de entender que una nación no puede construir su futuro destruyendo permanentemente la memoria de quienes la gobernaron.

Balaguer fue un hombre de controversias, pero también fue un hombre de Estado.

Su época tuvo páginas oscuras que nadie debe ocultar.

Pero también tuvo páginas de transformación nacional que nadie debería borrar.

Y quizá la verdadera grandeza histórica de Joaquín Balaguer no esté en pretender que nunca se equivocó.

Está en entender cómo un hombre, enfrentado a una de las épocas más convulsas de nuestra historia, consiguió mantener el control del Estado, impulsar una transformación física del país y dejar una huella política que, décadas después de su muerte, todavíaprovoca debate.

Ese es el Balaguer que debemos estudiar.

No el Balaguer fabricado por sus enemigos.

No el Balaguer idealizado por sus seguidores.

El Balaguer histórico.

Porque solamente cuando se conoce toda la historia, se puede comprender verdaderamente la grandeza —y también las contradicciones— de un estadista. jis.-

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