Por: Roque J. de León B. (MAE).
Puerto Plata.-He sido un crítico permanente de los dirigentes Políticos que con sus ideas y esfuerzos conquistan la simpatía de un conjunto de personas que de buena fe asimilan y propagan el sueño de obtener el favor para la conducción política de los bienes de cualquier país en un momento determinado, pero que luego de logrado el objetivo es como si los demás dirigentes políticos no pardiciparon, República Dominicana no es la excepción.
No estoy comprando el error de la muchedumbre en los Partidos Políticos, de que al llegar al poder cada uno debe tener una posición en la administración del Estado, pero sí creo en que se debe mantener la línea de contacto y comunicación; cuando Jesús inició su ministerio en la tierra, en principio habló a la multitud (la campaña en los partidos), luego que aparentemente se hizo inmanejable la gran cantidad de personas emprendió el proceso de escogencia a sus acompañantes, que luego fueron los apóstoles responsables de llevar el mensaje, (en las organizaciones políticas los integrantes de los Organismos de Dirección y en el Gobiernos los Ministros).
Los apóstoles con la excepción de Judas el traidor, eran obedientes a su Maestro y seguían sus ejemplos y mandatos para comunicarse con la gente, es lo que deberían hacer los dirigentes de las agrupaciones políticas y los representantes de los gobiernos en las diferentes instituciones, sin importar el nivel ni el lugar en que se encuentren, diseminar por todos los lugares donde exista gente el mensaje del Liderazgo y de su Presidente.
Para que eso suceda hay que respetar el espacio de los cabezas de las organizaciones al igual que el del Presidente.
En nuestros pobres países, cuando un partido tiene las posibilidades de alcanzar el poder, todos quieren ocupar las posiciones más importantes dentro de la dirección para desde ellas aspirar a las curules electivas y dar riendas sueltas a sus ambiciones sin pensar más que en sus apetencias personales; República Dominicana no es la diferencia.
Esa situación permanecerá hasta que la sociedad exija a los Partidos Políticos que los aspirantes a dirigirlos cumplan con un proceso de formación y, para ocupar una posición dentro de la Administración Pública demuestren con su hoja de vida y en la práctica, que tienen las competencias pertinentes y exigidas para tales fines.
No podemos esperar un país con marcadas y positivas diferencias, si los dirigentes de los instrumentos de organización y planificación de la sociedad que son los grupos políticos, no se entienden ni se ponen de acuerdo entre ellos.
Ante esta realidad, el papel de los ciudadanos debe ser asumir una postura crítica y exigir la definición de los perfiles para aspirantes a dirigentes en las instituciones políticas, que luego al acceder su agrupación al poder quieren a la fuerza, ser funcionarios públicos.
Seguro estoy de que estaremos camino al fortalecimiento y sostenibilidad del sistema democrático, cuando los grupos que acceden a la dirección de las Instuciones del Estado
logren mantener el canal de comunicación e información hacia las estructuras sociales que les abrieron el paso hacia ese tan anhelado objetivo.







