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miércoles, octubre 7, 2026

EL GOBIERNO SIN MUCHO QUE EXHIBIR Y LA OPOSICIÓN SIN DISCURSO PARA GANAR.

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miércoles 7 de octubre, 2026.

Por: José Ignacio De Los Santos, para Pregón Digital.

República Dominicana parece encontrarse ante una paradoja política: un Gobierno que todavía tiene tiempo para reorientar su gestión y una oposición que, teniendo frente a sí innumerables problemas nacionales, todavía no ha logrado construir un discurso capaz de conectar con las verdaderas necesidades de la población.

El problema no es solamente quién gobierna o quién aspira a gobernar. El verdadero problema es que la política dominicana parece haberse alejado de las preocupaciones cotidianas del ciudadano.

Durante décadas, los gobiernos han concentrado buena parte de sus esfuerzos en obras de impacto, proyectos visibles y realizaciones que pueden ser exhibidas políticamente. Sin embargo, seguimos arrastrando problemas fundamentales que afectan directamente la calidad de vida de los dominicanos: educación, electricidad, agua potable, salud, seguridad ciudadana, agricultura, agroindustria, transporte, empleo y oportunidades para las nuevas generaciones.

El desarrollo de una nación no puede medirse únicamente por la cantidad de obras inauguradas. También debe medirse por la capacidad del Estado para resolver los problemas que durante décadas han permanecido pendientes.

UN GOBIERNO QUE TODAVÍA TIENE TIEMPO

El presidente Luis Abinader todavía tiene la oportunidad de refrescar, reorientar y relanzar su gestión.

No necesariamente se trata de comenzar de nuevo, sino de escuchar nuevamente al país.

El Gobierno necesita recuperar una mayor cercanía con el ciudadano de a pie, con las comunidades, con los sectores productivos y, de manera muy especial, con su propia estructura política.

Un Gobierno puede tener funcionarios eficientes y buenas obras, pero si pierde contacto con la realidad de la gente, corre el riesgo de administrar desde los escritorios problemas que solamente pueden comprenderse caminando las calles.

La República Dominicana necesita una segunda etapa de gobierno que coloque en el centro de sus prioridades aquello que verdaderamente transforma la vida de la población.

Educación de calidad. Energía confiable. Agua potable. Salud accesible. Seguridad. Producción agrícola. Agroindustria. Empleo. Viviendas dignas. Transporte eficiente.

Y, sobre todo, una visión nacional que convierta esas necesidades en políticas permanentes de Estado.

También resulta preocupante que el país viva frecuentemente de escándalo en escándalo, mientras importantes discusiones nacionales quedan relegadas.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad extraordinaria en una democracia, pero también la tiene el Estado en la creación de reglas claras que permitan preservar el derecho a informar, evitando que la competencia por audiencia termine desplazando la responsabilidad social que debe acompañar al ejercicio de la comunicación.

La justicia, igualmente, debe ser percibida por el ciudadano como una institución donde prevalezcan la ley, la equidad y el sentido humano.

¿Y LA OPOSICIÓN?

Pero si el Gobierno tiene responsabilidades, la oposición también tiene las suyas.

Y aquí aparece otra gran paradoja.

La oposición dominicana tiene delante de sí suficientes problemas nacionales para construir un discurso poderoso. Sin embargo, muchas veces parece más concentrada en sus diferencias internas, sus aspiraciones particulares, sus egos y sus conflictos de liderazgo que en interpretar las dificultades que enfrenta la población.

El ciudadano necesita escuchar propuestas.

Necesita saber cómo se resolverá el problema eléctrico, cómo se mejorará la educación, cómo se garantizará la seguridad, cómo se producirá más comida, cómo se desarrollará la agricultura, cómo se industrializará el campo, cómo se generarán empleos y cómo se reducirá la desigualdad.

Eso es lo que debería ocupar el centro del debate político.

No basta con decir que el Gobierno está mal.

Hay que demostrar que se puede gobernar mejor.

Y para demostrarlo hay que presentar un proyecto de país.

La oposición no puede esperar ganar unas elecciones simplemente acumulando los errores del Gobierno. Tiene que construir una alternativa que genere esperanza.

EL CIUDADANO ESTÁ ESPERANDO

Mientras los partidos discuten candidaturas, posiciones, alianzas y liderazgos, existe un país que continúa esperando respuestas.

Un padre quiere mejores oportunidades para sus hijos.

Una madre quiere seguridad.

El productor quiere condiciones para producir.

El agricultor quiere mercados.

El empresario quiere reglas claras.

El trabajador quiere mejores ingresos.

El joven quiere empleo y oportunidades.

El enfermo quiere atención médica digna.

Y todos quieren vivir en un país donde las instituciones funcionen.

Esa es la verdadera agenda nacional.

El Gobierno debe escucharla.

La oposición debe interpretarla.

Y ambos deben entender que la política no puede continuar girando exclusivamente alrededor de las próximas elecciones.

ES TIEMPO DE VOLVER A LA POLÍTICA DE ESTADO

La República Dominicana necesita recuperar el sentido de dirección.

Necesita menos confrontación estéril y más propuestas.

Menos egos y más compromiso.

Menos propaganda y más resultados.

Menos improvisación y más planificación.

El presidente de la República todavía tiene tiempo para producir un cambio de rumbo que le permita cerrar su gestión con una visión renovada, más cercana al pueblo y con mayor capacidad de responder a las grandes necesidades nacionales.

Y la oposición todavía tiene tiempo para dejar de mirar solamente hacia las debilidades del Gobierno y comenzar a mirar hacia el país que pretende gobernar.

Porque la oportunidad política está ahí.

Lo que falta es convertir las necesidades de la población en un discurso serio, creíble y transformador.

República Dominicana no necesita solamente un Gobierno que exhiba obras ni una oposición que exhiba errores.

Necesita dirigentes capaces de exhibir soluciones.

Ese debería ser el nuevo desafío de la política dominicana:

RETOMAR LAS SENDAS DEL ORDEN, LA PRODUCCIÓN, LA JUSTICIA SOCIAL Y EL DESARROLLO NACIONAL.

Porque al final, ni el Gobierno ni la oposición deberían preguntarse solamente cómo ganar las próximas elecciones.

Deberían preguntarse qué República Dominicana quieren dejarle a las próximas generaciones. jis.-

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