Por: Roque J. de León B. (MAE).
Desde este título podemos escribir un libro si queremos, porque la familia es el principal núcleo de cualquier sociedad que se precie de ser organizada, progresista y sana, en ella se procrean los niños y niños, que luego se convierten en adolescentes, jóvenes; más tarde son mujeres y hombres de bien, conforme a los buenos volores inculcados.
Hoy como nunca estamos siendo bombardeados con informaciones que recogen desde: violencia social, intrafamiliar e interpersonal donde aparecen menores como actores y, eso desde mi óptica es el fruto de lo que hemos sembrado desde la raiz de las familias.
La violencia se inicia cuando los padres discuten y desarrollan actos inapropiados en presencia de los niños y niñas, los envían a comprar alcohol, mismo que ingieren delante de ellos y, continúa cuando esos menores exhiben bienes que no pueden justificar ante ninguna instancia pero no son cuestionados.
Los padres y/o tutores fuman delante de los menores: tabacos, hookah, cigarrillos electrónicos y cualquier otro instrumento sin ninguna reserva a sabiendas de que eso daña sus vías respiratorias y con el ejemplo tambien sus vidas.
Esos mismos son los que permiten que los menores bajo su custodia asistan a lugares prohibidos para su edad, tengan adultos como novios y/o parejas y, que de manera consentida tengan relaciones íntimas aún no sean apropiadas para sus edades.
De esa manera hemos construido esta sociedad de la que nos quejamos y renegamos pero, de no poner un rotundo pare nos cansaremos de contar abusos y muertes de personas inocentes de todas las edades; al final nos adaptaremos y lo miraremos como un simple paisaje.
Me indigna que mientras tenemos, hace mucho tiempo la prostitución y el abuso infantil en crecimiento en ocasiones ante la mirada indiferente y cómplice de los cabezas de familias al igual que del entorno, se le reclama de manera irresponsable a los organismos del Estado una rápida solución.
Desde la detección del caso de los «Palmas Mesías», en nuestro país no ha cesado el tráfico y/o trata de personas incluyendo: niños, niñas, adolescentes, jóvenes y todo tipo de mujeres, hasta llegar a lo que recientemente se hizo de dominio público, violaciones grupales de menores y adultos donde supuestamente participan civiles, policías y militares.
Estos hechos deben dejarnos como aprendizaje, que no basta con tener un cúmulo de leyes para enfrentar estos hechos sino, que hace falta un equipo humano para: conscienciar, entrenar y educar a la sociedad teniendo como base las familias, del peligro de no tener control de los hijos ante los depredadores sexuales, observar y dar seguimiento a los casos sospechosos que pudieran convertirse en abusos y/o violaciones, garantizar el apresamiento y castigo ejemplar de acuerdo a las leyes para los abusadores y/o violadores, asistir psicológicamente a las víctimas, familias y victimarios, entre otros.
Es claro que, en la búsqueda de las soluciones a esta tragedia que vivimos en la sociedad que tenemos, es fundamental el papel protagónico y responsable que debe jugar la familia en la concepción y control absoluto de sus hijos.
ROQUE J. DE LEÓN B.
DIPLOMADO EN TÉCNICAS DE COMUNICACIÓN SOCIAL INTEGRAL.
MIEMBRO DEL SNTP Y DEL SINLOPP.








