lunes 02/11/2026.
Por José Ignacio De Los Santos, para Pregón Digital.
Siempre me ha llamado la atención el relato de los grupos de izquierda en la República Dominicana y en el mundo, que se presentaban —y todavía algunos se presentan— como los sectores mejor capacitados para dirigir el Estado, debido a su formación política e ideológica en los países de la órbita comunista y socialista que los patrocinaban.
Sin embargo, el paso del tiempo ofrece otra lectura de la historia. Por eso, tomaré como referencia cuatro figuras latinoamericanas que, desde diferentes posiciones ideológicas y en circunstancias históricas completamente distintas, han impactado de manera significativa la vida de sus respectivos países y, en algunos casos, la política internacional.
1. RAFAEL LEONIDAS TRUJILLO MOLINA
A Rafael Leonidas Trujillo Molina le correspondió gobernar un país esencialmente rural, con una institucionalidad muy débil, profundas divisiones sociales y una situación de inseguridad que afectaba a amplios sectores de la población.
Trujillo, un militar de primera línea de la época, impuso el orden con mano dura y bajo una concepción de autoridad absoluta. Durante su régimen se construyeron importantes obras de infraestructura y se fortaleció la estructura administrativa y financiera del Estado.
Pero la evaluación histórica de Trujillo no puede limitarse a las obras ni al orden impuesto. Su régimen también estuvo marcado por la represión política, la falta de libertades, la persecución de opositores y graves violaciones de los derechos humanos.
En plena Guerra Fría, su posición fue abiertamente anticomunista y convirtió a la República Dominicana en uno de los gobiernos de la región más firmemente enfrentados al avance de esa ideología.
2. FIDEL ALEJANDRO CASTRO RUZ
Fidel Castro recibió una Cuba que, antes de 1959, tenía uno de los niveles de desarrollo económico y de infraestructura más importantes del Caribe y de América Latina, aunque también arrastraba profundas desigualdades sociales, problemas políticos y una fuerte dependencia económica de Estados Unidos.
Castro transformó radicalmente el sistema político, económico y social cubano. Su Revolución produjo avances importantes en áreas como la alfabetización y determinados servicios sociales, pero también estableció un sistema de partido único, restringió las libertades políticas y provocó un prolongado éxodo de millones de cubanos.
Para muchos de sus seguidores, Fidel representó la soberanía y la resistencia frente a las grandes potencias. Para sus críticos, su régimen terminó destruyendo libertades fundamentales y deteriorando buena parte de la capacidad económica de una nación que había tenido una posición privilegiada en el Caribe.
La historia, como siempre, será la encargada de colocar cada elemento en su justa dimensión.
3. JOAQUÍN ANTONIO BALAGUER RICARDO
A Joaquín Balaguer le correspondió gobernar una República Dominicana profundamente dividida, marcada por los acontecimientos políticos y militares de los años sesenta y por una institucionalidad todavía en proceso de consolidación.
Balaguer entendió que el país necesitaba infraestructura, autoridad, estabilidad y una visión de largo plazo.
Durante sus gobiernos se construyeron carreteras, presas, sistemas de agua potable, viviendas, escuelas, instalaciones deportivas, proyectos turísticos y numerosas obras de infraestructura que transformaron físicamente al país.
En una ocasión, Balaguer afirmó que dejaba la República Dominicana preparada para el despegue.
La pregunta que debemos hacernos hoy es: ¿qué ocurrió con ese proyecto de nación después de su salida definitiva del poder?
Han transcurrido más de tres décadas desde su último gobierno y muchas de aquellas obras y proyectos no recibieron la continuidad necesaria. Otros gobiernos emprendieron nuevas obras y nuevos proyectos, algunos de gran importancia, pero en ocasiones pareció existir más interés en sustituir las huellas del pasado que en dar continuidad a aquello que todavía podía ser aprovechado.
Un país no puede comenzar de cero cada vez que cambia un gobierno. El verdadero desarrollo exige continuidad de Estado.
4. NAYIB ARMANDO BUKELE ORTEZ
Nayib Bukele representa una generación diferente de dirigentes latinoamericanos.
Empresario, comunicador y político salvadoreño, llegó al poder en un país marcado durante décadas por la violencia de las pandillas, la inseguridad, la corrupción y una profunda desconfianza de amplios sectores de la población hacia las instituciones tradicionales.
Su gobierno decidió enfrentar directamente a las estructuras criminales, particularmente a las pandillas que durante años mantuvieron atemorizada a buena parte de la sociedad salvadoreña.
La estrategia de seguridad de Bukele ha recibido un amplio respaldo popular dentro de El Salvador, pero también ha sido objeto de fuertes críticas nacionales e internacionales por las denuncias relacionadas con derechos humanos, debido proceso y concentración de poder.
Ese debate no puede ignorarse.
Sin embargo, hay una realidad política que tampoco puede desconocerse: Bukele logró modificar radicalmente la percepción de seguridad de una sociedad que durante años vivió bajo el temor de las pandillas.
Y ese fenómeno explica, en buena medida, el respaldo que continúa teniendo entre amplios sectores de la población salvadoreña.
BUKELE Y LA DEFENSA DE LA DIGNIDAD NACIONAL
Hoy, frente a los acontecimientos que involucran a ciudadanos salvadoreños en misiones humanitarias y técnicas en Haití, considero que El Salvador tiene derecho a exigir respeto y garantías para sus ciudadanos.
La solidaridad entre los pueblos latinoamericanos no puede significar indiferencia frente a la seguridad y la dignidad de quienes cumplen misiones humanitarias o de cooperación.
Creo que Bukele tiene ante sí una nueva responsabilidad: demostrar que la defensa de la dignidad nacional puede ejercerse con firmeza, pero también con inteligencia, institucionalidad y respeto por el derecho internacional.
No comparto necesariamente todas las decisiones de ningún gobernante. Pero sí considero importante reconocer cuando un líder demuestra capacidad para organizar un Estado, enfrentar estructuras de poder y ejecutar un proyecto político con objetivos definidos.
Trujillo, Fidel, Balaguer y Bukele pertenecen a épocas diferentes, con ideologías, métodos y circunstancias completamente distintas.
Compararlos no significa colocarlos en el mismo nivel histórico ni justificar sus actuaciones. Significa observar cómo cuatro dirigentes enfrentaron cuatro realidades nacionales y preguntarnos qué podemos aprender de sus aciertos y de sus errores.
Porque la historia no debe utilizarse únicamente para defender posiciones políticas.
La historia debe servirnos para aprender.
Y América Latina necesita, más que líderes que prometan cambiarlo todo, dirigentes capaces de construir Estados que puedan continuar funcionando después de ellos. jis.-







